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Prisión del alma

Vaso que siempre me doblega,
viñeta enrojecida, sí.
El claustro de la noche oscura
muerde en tus cristales
con el amparo de la lluvia.

Mojo mi pelo por dentro
y viajo serena a la tormenta.
Se rasga la tierra en dos,
el polvo carcome nuestros ojos.

Vaso que siempre me desangra,
monte que irrumpe en mis latidos,
alto como la luna oculta,
desvencijado se arrastra
hasta doblegar la herida.

Sigo, camino entre canales,
miro mis zapatos terrosos,
me siento en un leño vetusto
y este vaso siempre me encierra.

Pienso que ya llegó el mañana
a desaguar la frontera del alma.

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Comentarios

  • Bien, Cecilia, este poema te ha quedado de gran calidad, abrazos

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