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El valle encantado

 

 

Al igual que en anteriores ocasiones, la caminata hacia el Valle Encantado, como lo llamamos, convierte al caminante en un componente más de un todo verde, cual beneplácita ofrenda de la madre natura, que trató y lo logró, reunir en éste lugar todas las maravillas que sólo ella puede conseguir.
Hasta unos doscientos metros antes de la gran curva, donde comienza la bajada, la vista sólo capta la altura de unas aglomeradas colinas, resguardando allí abajo deseosas de que pase ignorado, un considerable manto verde de vegetación uniforme.



El camino, sinuoso en todo su trayecto, va abriendo lentamente el telón mostrando al visitante un panorama de ensueño. Sobre el costado izquierdo, las laderas abundantes de vegetación forman una pared casi impenetrable;el trinar de una bandada de pájaros, quizás torcazas, que al pasar a pocos metros de altura, brindan al caminante un acompañamiento musical natural, acogedor, muy agradable al oído.
En el otro costado, se presenta la caída al valle encerrado, donde nacen las laderas de las colinas de enfrente, hermanas similares a las vecinas, ya detalladas.


Se continua sin dejar de escuchar cánticos provenientes de otras distintas especies de pajarillos que están aquí en su apogeo, pues nada los perturba, bajan, planean, otra vez suben, sus piruetas parecerían cintas de colores frente a la brisa que emana del fondo del valle.

El descenso se hace demoroso, no se quiere perder detalle; la vegetación cada vez más espesa.
Se escuchan trotecitos rápidos y luego silencio, otra vez, y nuevamente, alguien nos está espiando quizás silencio, y allí a escasos metros, entre dos árboles inmensos, con muchos nudos en sus troncos que hablan de sus años, se alcanza a ver una madre cierva seguida por dos pequeños cachorros: los típicos bambis; ellos eran los causantes de los trotecitos. Sin siquiera detenerse, siguieron su camino internándose más y más en la espesura de la vegetación.



Se percibe un suave golpeteo de agua, seguramente del arroyo que al caer de los suaves saltos forman cascadas, que permanecen en su mayoría ocultas entre las gruesas y prolongadas ramas de un señorial olivo; este ejemplar, así lo cuentan los ancianos de la zona, está allí desde hace más de quinientos años. Al observar, detenidamente su trenzado y aún robusto tronco, tenemos frente nuestro un anciano que viene soportando lluvias y vientos desde tiempos a, y no obstante, todavía tiene la palabra; todas las tempestades sufridas fueron dejando sus huellas, dándole el aspecto de buen conocedor, que su sola presencia inspira respeto.
Un descanso es obligatorio, el lugar lo exige.

Sentado sobre una de las decenas de rocas allí esparcidas, se destaca elevando un poco la vista, aquél cielo inmenso que siempre nos observa, hoy de un celeste obscuro, salpicado por traviesas nubecillas que corren apresuradas. ¿Quién sabe hacia donde?

El débil cauce del arroyo, propio en ésta época del año, nos muestra el camino a seguir. Una parejita de loritos se posa en un arbusto de mediana altura, no lejos, aparentemente miran para aquí, sí, no cabe duda, y a los pocos segundos, como acudiendo a un llamado, levantan vuelo rumbo al norte, hacia el centro del valle.


Alrededor de éste descanso donde también el arroyo deja su cansancio, se exhiben, como en exposición, decenas de árboles frutales. Sobresaltan a simple vista un par de higueras inmensas, cuyas ramas cargadas de sus dulces frutos acarician las piedras que alfombran el terreno; un colorido tinte proviene de las moras, tan pequeñas y tan sabrosas.

El aroma especial, tan conocido y embriagador de los cítricos, dan al lugar un motivo más que suficiente para que volvamos aquí lo antes posible.

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Nota del autor

Este paradisíaco rincón se encuentra dentro de una Reserva Natural en la Galilea, en la milenaria Israel; cercana al Mar Mediterráneo, a escasos pasos de nuestra casa; las imágenes son de mi autoría.

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*Registrado, Safecreative N°0912175128

*Música de fondo:  Mickael Laurence / Nautilus

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Comentarios

  • Dan ganas de agarrar los bastones de senderismo y gozar esos parajes que describes...

    • Pues adelante, amigazo, es cuestión de decisión...

      Contento con tu llegada

      Shalom

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