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CONSUELO MORENO

CONSUELO MORENO

Una ficción que, visto lo que estamos viendo en nuestros políticos, quizá no se aleje mucho de la realidad:

http://retazos-y-retozos.blogspot.com.es/2017/04/consuelo-moreno-todo-sea-por-el-asiento.html


Consuelo Moreno no era una chica cualquiera. Joven, atrevida y valiente como pocos jóvenes de su época, había decidido no pasar desapercibida en la sociedad que le tocó vivir. Eran años de cambio. De acuerdo con lo dicho por algún viejo sátrapa de antiguo régimen, la democracia amenazaba con instalarse en Macutolandia por largo tiempo, asunto que en aquellos momentos favorecía los sueños de nuestra bella y rebelde protagonista.
Plenamente inmersa en el tiempo que le tocó vivir, Consuelo comenzó a moverse por las células intelectuales impregnadas del nuevo espíritu democrático que se extendía como mancha de aceite por el país. El corazón de nuestra protagonista cayó rendido ante los nuevos ideales. El suyo y el de todo un pueblo que, hasta entonces, había vivido bajo el tiránico yugo de un caudillo que sólo sabía contar el “un-dos” que marcaba el paso a sus presuntamente descerebrados ciudadanos. 
Murió don Claudio. Así se llamaba el dictador. El pueblo, huérfano y feliz, decidió navegar por los mares de la libertad. Dura y heroica tarea que cargó sobre sus hombros una generación que sólo conocía del tema palabras y sueños. Contra lo que muchos suspicaces y pesimistas contemporáneos temían, los primeros pasos en pos de tan anhelado sueño fueron todo un éxito. Llanto y crujir de dientes padecieron los escépticos intelectuales de pacotilla anclados en el pasado.
Profesionales de primera línea, catedráticos, abogados de prestigio, sabios y hasta algún viejo y consagrado poeta hollaron con sus pies las alfombras de un parlamento que, hasta ese momento, sólo había conocido las claveteadas suelas de ancianos mentales y falsos revolucionarios de pacotilla.
En ese terreno, abonado por la esperanza, Consuelo Moreno encontró su lugar al Sol. Dispuesta a cambiar el país que le tocó vivir, según sus propias palabras, se afilió al Partido Revolucionario Macutolandense (PRM), que hasta días antes había permanecido en la clandestinidad. El partido hervía en cada reunión. Ideas, problemas, soluciones, todo cuanto podía accionar una célula gris de un sólo militante saltaba de boca en boca, de papel en papel, de mesa en mesa...
Cientos de personas entregadas a la lucha por un nuevo mundo más justo y solidario acabaron movilizándose en torno a las siglas PRM. Llegaron las primeras elecciones democráticas municipales. Los sueños brotaron hermosos como flores multicolores por cada rincón del país. Animada por la gran cantidad de asistentes a sus mítines Consuelo estaba convencida de que el PRM sería un punto de partida para alcanzar las más altas cumbres de su revolución. Al menos, la personal según murmuraba algún envidiosillo.
Como era de esperar, Consuelo encabezó las listas de del partido a la alcaldía de su pueblo. Primera decepción: a pesar de la masiva asistencia a sus incendiarios mítines, a la hora de la verdad los electores se decantaron por la moderación como medio de pasar página y olvidar los tiempos pasados.
Dos años anduvo defendiendo los revolucionarios ideales que, soñaba, alumbrarían un nuevo país más justo y solidario. Dos años bien remunerados, eso sí, durante los cuales siguió al pie del cañón. Desde los bancos de la oposición, su palabra encendía los corazones de quienes soñaban un mundo mejor.

Pero como las cosas de palacio van despacio, el país hacía honor al refrán y avanzaba retozón mientras los escaños de gobernantes y opositores ofrecían a unos y otros su calidez acogedora. Como no podía ser menos, los traseros que en ellos reposaban, se fueron acomodando a tan agradables sensaciones. Uno de ellos, el de Consuelo. Algún sabio afirmó, y lo mantienen los libros de física que yo estudié, que gracias al magnetismo que gobierna el mundo todo, para que esto funcione y no acabe como el rosario de la aurora, los polos contrarios se atraen indefectiblemente.
Así que el polo positivo que significaban aquellos cálidos y señoriales asientos, hubo de encontrar entre los resquicios físicos y psicológicos de sus ocupantes la correspondiente contraposición magnética. Para entendernos, el polo negativo. Y como por algún sitio debía aparecer el dichoso contrapunto, vino a hacerlo por el lado ideológico. Éstos, los ideales, fueron arrastrados a los glaciares más profundos del alma. Allí permanecieron congelados.
Ateridos de frío los ideales, los traseros públicos comenzaron a pegarse a sus escaños buscando la confortable tibieza que de ellos emanaba. No había forma de despegarlos. Ni con agua hirviendo. Uno de ellos, fue el de Consuelo. Cosa normal si consideramos que se encontraba entre los más vistosos de su entorno. Pero, defectillos de la democracia, el tiempo transcurría. Y con él se aproximaba el momento en que, por mor de esa novedad que llaman elecciones, los ciudadanos habrían de seleccionar a los nuevos responsables de la cosa pública.
Mal se presentaban los sondeos para nuestra protagonista. Mejor dicho, para el Partido Revolucionario Macutolandense. Más de un escaño estaba a punto de cambiar de residente. Mal asunto para unos traseros acostumbrados a la muelle comodidad de tiempos recién estrenados. Consuelo era la propietaria de uno de ellos. No es justo que un trasero bien amueblado como el mío pierda tan merecido reposadero, se decía cada noche mientras veía aproximarse el cruel momento en que había de ceder el escaño a otras posaderas de menor enjundia. Escaño que, según los sondeos, pasará a ser ocupado por un partido cercano aunque rival, el Partido Democrático Macutolandense (PDM).
Dicen que el diablo cose sin hilo. Fue en un pleno del concejo local. El presidente, rival político de nuestra protagonista y destacado militante  del PDM, cometió el gravísimo error de pensar con sensatez. Cosa peligrosa según destacados miembros de su partido. Consuelo, avispada en la cosa pública, actuó como la astuta avispa que era. Picó en el lugar oportuno y, luego de poner en la picota al mismísimo Presidente de la asamblea, se transmutó en la más cantarina de las cigarras. Embelesado ante su melódica y esbelta presencia, uno de los gerifaltes del PDM abrió sus puertas a la joven.
Consuelo, actriz experta en los más diversos papeles, comenzó a exhibir su apariencia humilde y recatada. Su conocido afán lector le trajo a la memoria un viejo aforismo de don Miguel de Cervantes. Astutamente dio en estimar mucho más sus dientes que sus diamantes. Y adivinando el  mantel donde sus colmillos encontrarían trabajo y placer, se acogió a la mesa del Partido Democrático Macutolandense.
–Si crees que tus ideas son diamantes, guárdalas muy dentro de tu corazón –le dijo su madre–, en estos tiempos que corren no es buena idea esa de pensar.
Recordando este consejo, nuestra amiga, se guardó tan dentro, tan dentro, sus ideales y creencias que se olvidó de ellas para siempre. Al decir de una vecina suya, desde entonces sus dientes comenzaron a funcionar a destajo cosa de la que, como dicen las malas lenguas, su trasero acabó beneficiándose.
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Manuel Cubero 
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Comentarios

  • Ante todo diré que disfruté de tu estilo, directo, duro, frío y sin ningún "pelo en la lengua", (dicho popular).

    Casos semejantes es posible encontrarlos en cualquier vuelta de esquina.

    Shalom amigazo

  • Waoooo, Manolo, que fuertes declaraciones, amigo, excelente narrativa, te  felicito, bendiciones, amigo, Amaralis

  • Ay  Manuel.  cómo me  suena  y  resuena  este  relato  tuyo.  Hay  sillones  "tan  confortables"  que  algunos  y  algunas  hasta  se  olvidan  de  como  llegaron  hasta  allí.

    Estupendo  como  siempre.

    Me  permití  copiarlo  aquí,  desde  tu  blog  para  facilitar  su  lectura

    Un  abrazo  enorme.

    • No importa. El caso es que lo lean.

  • Gracias. Y lo malo es que está basado en un hecho real...

  • Un verdadero placer leer este relato, gracias.

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