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Hector Cediel Guzmàn posted a status
31 de Jul. de 2016
Nuestro destino es ser olvido
Héctor Cediel Guzmán 12/07/ 2016

Cuando seamos olvido, ni una envejecida lápida podrá dar testimonio, de nuestro paso por la vida. Quizás sobrevivan un par de árboles que sembré en la vida. Nada sobrevivirá cuando el espacio en el cementerio se sature y desaparezcan los deudos que algunos días iban a llevar flores, a orar o a desyerbar cierto espacio en el campo santo. Pronto, la maleza se encargará de clausurar para siempre el sitio y se lo devorará, como si fuese metáfora del tiempo. Crecerán arboles cuyas raíces se tragaran panteones, que un día fueron el orgullo de familias o pequeñas dinastías. Desaparecerá toda la magia o el encanto, del que gozaron durante unos pocos días de gloria. Se silenciarán para siempre los espacios, y solo un gélido suspiro cruzara, por entre los vidrios rotos, de los pocos vitrales del oratorio. Ya no habrá ángeles ni dioses en el templo abandonado, solo perdurarán los fantasmas de los niños, sus risas o gritos, porque para ellos solo será un inmenso parque abandonado.
Musgos y hojarascas se devoraran autos viejos, locomotoras o aviones abandonados, porque todo lo que sea metálico se chatarrizará o será devorado por el óxido. Hasta el dolor, el llanto, los sufrimientos desaparecerán de cárceles que fueron infiernos para delincuentes o inocentes, víctimas de una justicia manipulada, prostituida. Ya no habrá guardas, ni puertas, ni fantasmas. Solo charcos mal olientes, musgos o herrumbre, dentro de estructuras a punto de caer. Todo lucirá caótico, como si una guerra hubiese destruido todo, pero fueron el tiempo, el olvido, quienes lo destruyeron todo. Portones que si se abren, jamás podrían cerrarse de nuevo, porque están a punto de caer. La naturaleza todo se lo devora, sin piedad o un mínimo de misericordia. Nada es más lúgubre que el olvido.
Nada sobrevive al abandono, ni existe imagen más triste que la de un auto viejo, devorado por la naturaleza. Es peor que cualquier otra imagen de dejadez, indolencia o desidia, con algo que tuvo valor y aprecio, que podamos imaginar. Ni siquiera muchos de los muchos faros que se construyeron con grandes dificultades para evitar encallamientos, se salvaron o salvaran del paso del tiempo o de la invasión de las tecnologías. Habitaciones o camas que escucharon en noches o días, sin inmutarse, apasionadas expresiones de amores ardorosos, se salvaron del olvido. Las goteras y las humedades se encargaran o se encargaron de arruinarlo todo. Una a una las casas se fueron transformando en ciudadelas en ruinas, en lugares para espantos y fantasmas. No miento al decir que las ruinas y las devastaciones, aportan en muchos casos imágenes hermosas, artísticas para fotografiar, pintar o escribir. Lugares secretos para amantes ocasionales, para viciosos o refugio para deprimidos o marginales; muchos escondidos dentro de bosques o parajes ignorados, ahora. Todo en la vida goza o gozó de una primavera. No es fácil el imaginar a los que habitaron, muchos de estos espacios. Fueron seres vivos, pensantes, pero nada sobrevivió de ellos. Nosotros también seremos eso: Olvido. Nos recordaron durante un tiempo efímero y nos nombraran hasta una cuarta generación, si somos afortunados.
El abandono crea una fealdad sui generis, demasiado especial. He visto escaleras que parecen conducir hacia ninguna parte, pero que ya nadie se atrevería a subir, porque le podría conducir al mismo infierno. He visto a la tristeza esculpida en casas abandonadas; en mansiones que un día fueron envidiadas o admiradas. He visto asomarse a ramas por entre los ventanales, como si un extraño cáncer se hubiese devorado la vida, que habito allí un día. En el momento menos pensado, caerán los techos y se derrumbaran las paredes, que aún se sostienen como fantasmales osamentas, sostenidas por el viento. Allí hubo vida. Ahora solo inspiran miedo y tristeza. He visto el rostro de la muerte, observando cosas que pronto se tildaran de ruinosas. El viento insinúa un eco o unas extrañas voces de agonía o miedo. El tiempo y el olvido se encargaran de destruirlo todo, de demolerlo. Nada será rescatable, ni se justificaría el intentarlo. Es mejor cerrar los ojos, cerrar la puerta y huir de aquí, para jamás volver. Dejar que se hundan los barcos, incapaces de llegar siquiera al deshuesadero. Tenemos que aceptar y permitir que la naturaleza, cumpla con su obligación, cuando a las cosas les pasa el tiempo útil o de vida. El destino de todo, es regresar a la tierra. Ser cuando dejamos de ser. Nuestro destino es ser olvido.

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