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NINA EN EL TEMPLO

 

Ay, ay, ay, ay, me parece que lo mejor que puedo hacer es darme la vuelta y salir corriendo de aquí. Todo esto es tan extraño, tengo un miedo atroz. Tal vez yo crea que esto es una Iglesia y vaya usted a saber que es. ¿Y ese campanazo…? no se que hora es, pero no creo que un sólo sonido sea para dar la hora, y además, ¿a quién?, yo no veo un alma por ninguna parte, so pena que estén todos dentro claro, pero ¿y de donde han salido?
Uhff yo no sé qué hacer. Aunque la verdad es que tengo hambre y frío, tal vez si entro encuentre algo de comer.
¡Mira sabes lo que te digo Nina, que tu de aquí no te vas sin ver que “demonios” hay ahí dentro, faltaría más!

 

Nina caminaba descalza, sus zapatillas estaban llenas de agujeros, por lo que le resultaba más cómodo caminar así. Se acercó a la puerta del templo, de puntillas, para no hacer ningún ruido, y de puntillas penetro en el lugar con el corazón latiendo a velocidad de infarto.
Una vez dentro, caminó despacio, mientras con la mirada vigilaba cada rincón, por si encontraba algo o a alguien que quisiera hacerle algún daño.
En el interior de templo, la luz era tenue, apenas media docena de cirios encendidos a cada lado, y al fondo un poco más de luz que dejaba imaginar una cruz enorme aferrada en lo alto del pedestal.

Sigilosa, iba acercándose a la cruz, cuando por el lateral izquierdo, apareció una figura en apariencia humana, pues el hábito que cubría su cuerpo y su rostro, no le dejaba ver de quién o de qué se trataba en realidad, hombre, mujer, o demonio, era difícil saberlo. La figura sencillamente cruzó de uno a otro lado, con la cabeza agachada y sin hacer un solo giro hacía donde Nina se encontraba.
Ella pese al pánico que sentía lo llamó:

Oiga, oiga, ¿es usted el párroco?

Pero Nina no obtuvo respuesta, aquella figura, apareció y desapareció sin más. Ella siguió avanzando, ya estaba cerca del altar, un altar en el que pudo ver claramente la cruz con la imagen de Cristo en ella crucificado, prácticamente la misma imagen que ella había visto en otras Iglesias de su pueblo natal. Eso la reconfortó, si estaba Cristo allí, pues estaba claro, que aquello sí era una Iglesia, un tanto especial, puesto que la única imagen religiosa que ella había encontrado era esa, ni una sola imagen más, ni de la virgen, ni de ningún santo, ni del niño Jesús, solo Cristo en tan enorme templo.

Nina, ya más calmada, se sentó en el primer banco, y se quedó mirando fijamente a Cristo, como no había nadie que pudiera escucharla se atrevió a mantener con él una conversación.

Oye Jesús, ahora que estamos tu y yo solos, ¿te importaría contestar unas preguntitas que desde siempre he querido hacerte?

¡Bueno suponiendo que tu existes claro!

Veras a mi me enseñaron de pequeña que tu eras el creador del mundo, que hiciste a Adán y Eva, que vivían contigo en el paraíso, y que ellos fueron nuestros primeros padres. Luego aprendí que te desobedecieron y tu muy enfadado, los echaste del paraíso, castigándoles, con qué de ahí adelante, tendrían que trabajar mucho, sufrir mucho, hacerse viejos, y al final morir.

Mira yo perdona que te diga, no lo comprendo, total, lo único que hizo Eva fue comerse una manzana y decirle a Adán que estaba muy rica y que la probara, ya, ya sé que había cantidad de árboles frutales, ricos y apetitosos y que resulta que el manzano era el único prohibido. Vale, pero ese era motivo suficiente para que tu los echarás de allí?, perdona que te diga pero a mi me parece que te pasaste ¿no?

Y ya puestos, aunque yo no lo entienda, les castigases a ellos, pero y al resto del género humano, se puede saber ¿Porqué?
¿Que culpa tengo yo, de lo que hicieran nuestros primeros padres?, bueno ni yo ni el resto del género humano, que tú creaste, ¿porque fuiste tú verdad?

Nina esperaba una respuesta, para después continuar preguntando, cuando de repente se oyó una estruendosa carcajada.
Ja, ja, ja,ja,jaja ja ja ja ja….

El sonoro y estridente ruido, la dejó petrificada. Giró la mirada hacía el sonido y allí justo a la izquierda de Cristo apareció una figura de color rojo demoníaca y aterradora.

Reía y reía… Después de interminables segundos, la risa paró y su voz hizo también acto de presencia:

¿Qué pasa Nina, que tu Dios, se ha quedado mudo? Ja, ja ,ja, ja, ja ja ja
¿Porqué no contesta?, ¿será tal vez que tu Dios tan solo es un engaño, que tu Dios ni existe, ni jamás existió? Ja, ja, ja, ja ja ja…

La imagen tal y como hubo aparecido, se esfumó.

¡Pies para que os quiero! pensó Nina, dispuesta a salir corriendo de allí.

Sin embargo, el terror que sentía paralizaba sus movimientos, de pronto otra vez la imagen de lo que a ella le parecía el párroco, asoma por donde desapareció, cruzando el recinto.

Oiga, oiga, por favor, ¿es usted el párroco, o el cura, o como se diga?

De nuevo. no hubo respuesta.
Mejor salir de aquél lugar, donde tal vez nunca debió entrar.
Con las prisas, Nina, deja olvidada en el banco, a su inseparable compañera y amiga la flauta.
Sale despavorida y sin mirar atrás…

Ya fuera. Su respiración entrecortada. Nina intenta recobrar el aliento, está tan fatigada como si en verdad hubiese recorrido Kilómetros.

Dios mío, que mal lo he pasado, ¿Dónde demonios me he metido?, ¿Qué es esto, una iglesia, o el mismísimo infierno?
¡¡Ay, ay ay ay ay, ay, mi flauta, he dejado olvidada mi flauta!!, que horror, ¡ y ahora que hago yo?
¿Entro, no entro? Uhff, no puedo abandonar mi flauta, yo sin ella no sería nada, tengo que volver, es mi amiga, mi compañera, tengo que entrar a recogerla, pase lo que pase…

Nina gira sobre sus propios pasos, dispuesta a recoger lo que le pertenecía… Apenas unos pasos le separaban de la entrada, levantó la mirada y vio como en la puerta estaba aquel hombre cuyo habito no dejaba ver su fisonomía. Tenia los brazos extendidos y portaba entre sus manos una cesta en la que ella divisó su flauta.
La joven e inexperta Nina, estuvo a punto de desmayarse, eran demasiadas emociones, para un cuerpo agotado física y mentalmente, pero no podía desvanecer, debía recuperar la flauta aunque después (pensaba ella) seguro se desmayaría.
Se acercó con sigilo y sin mediar palabra alguna echó mano a la flauta, cuando una voz, en esta ocasión suave, angelical, que parecía salir del interior de la Iglesia le dijo:

¡Para Nina, tranquila, no tomes solo la flauta, recoge la cesta que también es para ti! Después puedes continuar tu camino, en el que seguro encontrarás ángeles y demonios pero no olvides, que Cristo, lo ve todo, lo escucha todo, lo sabe todo, pero Cristo no habla, Cristo solo actúa, cuando el hombre de corazón lo reclama…

Nina obedece, recoge la cesta y se marcha alejándose unos metros de aquel lugar.

Se sienta sobre una piedra y observa como en la cesta además de su flauta, hay alimentos, que saciaran su hambre. No podía pensar, necesitaba comer y así lo hizo, después meditaría sobre lo acontecido.

La joven después de tomar alimento, cae rendida y se duerme profundamente…

Al despertar, Nina no sabe bien si lo que ella ha vivido, era real, un sueño, o un delirio que el hambre y la fatiga hubieran provocado.

Gira la mirada en busca de la Iglesia, bueno la Iglesia al parecer es real, lo acontecido, pues quien sabe…

Nina recoge la flauta y es entonces cuando se percata de que a su lado hay una cesta vacía…

¡¡Dios santo, la cesta!! ¿Entonces es real? ¿ He visto al demonio, y he escuchado la voz de Dios?, pero y ese hombre, ¿quien era?, ¿o que era?
Ni siquiera le di las gracias por la comida. ¿Será tal vez un anima que purga sus pecados siendo fiel cuidador de la Iglesia? ¿Por qué no hablaba, tal vez era mudo? ¿Y porque no se veía su rostro?
Escucha Nina, (se dice a si misma) demasiadas preguntas a las que me temo no vas a encontrar respuesta, mejor como te dijo aquella voz, continua tu camino y no preguntes más…
Bueno el caso es que antes de irme, me daré una vueltecita alrededor de la Iglesia, tengo sed y tal vez encuentre alguna fuente por aquí.

Nina se encontraba recuperada después de ingerir alimento y dormir unas horas. Estaba contenta y le apetecía cantar, luego tomó la flauta y entonando sus melodías cantó.

Si la fe mueve montañas,
Yo también empujaré,
Para que esta roca dura,
Vuelva a tener fe.

No creía en tu existencia,
El dolor me lo impedía,
Pero el escuchar tu voz,
Me ha llenado de alegría.

Si la fe mueve montañas,
Yo también empujaré,
Para que esta roca dura,
Vuelva a tener fe.

Pregonaré por el mundo,
Que nos escuchas y atiendes,
Que tú, estás a nuestro lado
que nos ves y nos comprendes.

Si la fe mueve montañas,
yo también empujaré,
para que esta roca dura,
vuelva a tener fe.
Caminaré de tu mano,
Encontraré mi destino,
Seré feliz a tu lado,
Si es qué aquí, no lo consigo.

Si la fe mueve montañas,
Yo también empujaré,
Para que esta roca dura,
Vuelva a tener fe…

Y así andaba Nina, caminando alegre y cantarina, rodeando el edificio, curiosa y sin miedo alguno. De repente, varias voces cercanas, repetían el estribillo de su canción.

Si la fe mueve montañas,
Yo también empujaré,
Para que esta roca dura,
Vuelva a tener fe…

Las voces, procedían de un huerto amurallado, anejo al templo. No era muy alto, pero la pequeña estatura de Nina, no le permitía ver lo que se hallaba en el interior.

Mmmm, que rabia, no llego a ver nada, tal vez desde ese árbol…

Ni corta ni perezosa, Nina comienza a trepar, con sus propias manos y pies, buscando hueco en las hendiduras del tronco hasta que las ramas estaban a su alcance y consigue acoplarse en la que parecía más fuerte para soportar su peso.
Desde allí, observa como hombres y mujeres, con el rostro descubierto, pero ataviados del mismo modo que él hombre -que ella creyó seria el guardián de la Iglesia- trabajan el huerto, muy animados, y cantando continuamente el estribillo escuchado.

Nina imagina entonces, que aquél lugar seria una especie de convento con frailes y monjas, cuyas vidas estaban dedicadas a Dios.

Ahora todo la parecía mas sencillo de comprender y se animó a seguir cantando, mientras intentaba bajar de árbol del mismo modo que había subido, con tan mala suerte, que la rama que aferraba con la mano derecha, se rompió, haciéndole perder el equilibrio, por lo que la pobre Nina cae al suelo de golpe dándose un tremendo porrazo…

¡¡Me cachis en la mar!! Dios que porrazo me he metido, me duele todo, a poco más y me rompo la crisma, claro esto me pasa por curiosear donde no debo. Ay, ay, yo creo que me he roto algún hueso, Ay, ay, ay, que dolor… Encima ni siquiera hay por aquí una fuente, donde lavarme, uy, uy me duele todo.

Nina magullada, decide abandonar aquél lugar y marchar en busca de agua para lavar sus heridas, ya que por allí no encuentra nada a la vista.

Ahora sí emprende su camino, la experiencia, le hará recapacitar sobre que hacer con su vida, mientras deambula por esos mundos de Dios, que ella ignora a donde la llevarán.

Bueno y, ¿ahora qué Nina? has huido de casa, te has negado a obedecer, a que te humillen y maltraten, no sabes a donde ir ni que hacer… ¡Anda que menudo plan de futuro eh!..

Ahora eres prisionera de la noche y el día, prisionera del viento, prisionera del sol, de la primavera, del otoño, del verano y del invierno. Prisionera de tus propios sentimientos. Prisionera en libertad condicional, siempre prisionera…

¡Ay¡ cuánto me gustaría poder dedicarme en cuerpo y alma a escribir, a componer melodías, versos y canciones, que todo el mundo leyera, que todo el mundo escuchara. Como me gustaría conseguir que las lágrimas del mundo fueran solo de alegría, que la paz y el amor, fueran siempre nuestra compañía.

¡Ay¡, como me gustaría, encontrar un amigo, un compañero que me ayudara, que me protegiera, que me diera cariño… Seria tan hermoso…
Tienen que haber hombres buenos en el mundo, hombres capaces de entregarse por entero para conseguir hacer felices a los demás, consiguiendo a la vez su propia felicidad.

Ahí estaba Nina, esperanzada, aunque triste por no saber que hacer con su vida. Recordaba los versos que decían:
¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar! Y ella eso hacía, caminar y caminar…
Caminar hasta que sus pies descalzos, heridos, doloridos, le obligaron a parar. Miró al horizonte y observo que de una chimenea, el humo subía alto, muy alto, y al igual que antes se dirigiera hacía la luz, ahora encaminaría sus pasos hasta lo que era una humilde chabola construida de madera y rastrojo.
Una vez allí encontró de espaldas a ella a un hombre que cortaba leña con un hacha. Era un hombre bien formado, corpulento y aparentemente joven.
Él no se percató de la llegada de la joven, así que fue Nina la que levantó la voz, llamando su atención.

Buenas tardes joven…

El hombre entonces se giró:

Ho-ho-hola acertó --a decir el muchacho--. ¿Qui-qui-quien e-eres tú?, No no es-es-espe-pe-raba vi-si-si-ta al-gu-u-una.

Nina se presentó cortésmente, intentando disimular el hecho de que su interlocutor fuera sordomudo.
Hola mi nombre es Nina, estoy de paso, y te agradecería me ofrecieses un poco de agua, para beber, y lavar mis heridas.

Cla-a-aro, pasa de-e-en-tro.

Muchas gracias, ¿Cuál es tu nombre?

So-y Ri-ri-rica-ricardo.

¿Ricardo, corazón de León?, ja, ja, ja. Uy perdona, no pretendo burlarme, solo que recordé una frase, disculpa.

No- no im-po-porta, es-to-oy acos-tum-bra-do. Pa-a-sa.

Una vez dentro, Nina contó a Ricardo, el porqué de su presencia allí. Ricardo le daba sensación de seguridad y confianza, por lo que no tuvo reparo alguno en contarle su vida.
Ricardo a su vez, también contaría a Nina sus aventuras que comenzaron en su niñez.

Que triste lo que me cuentas Nina, yo lo entiendo bien, pues al igual que tu yo también me marche un día de mi casa, harto de burlas y risotadas de todos, por el hecho de ser tartamudo, como ves.
Cuando era pequeño, enfermé, tuve una meningitis, que por poco no acaba con mi vida. Pude superarlo, pero me dejó esta secuela, que arrastraré de por vida. Después de años de soportar las burlas de todo el mundo, y de ver como mis padres me escondían como si yo fuera un bicho raro, pues así según ellos nadie se reiría, decidí marcharme para evitar la vergüenza que mis padres sentían por mi culpa.

Lo siento de veras, a veces las personas somos crueles y despiadadas, con los mas desfavorecidos, pero no te preocupes, no tiene la menor importancia el que seas o no tartamudo, lo importante es el cómo somos y el cómo nos comportamos con los demás.

Gracias Nina, ojala los demás pensaran igual que tú.

Así fue como comenzó la amistad entre Nina y Ricardo, amistad basada en las desgraciadas vidas de ambos. Nina fue invitada por Ricardo a quedarse el tiempo que quisiera, a lo que ella aceptó un poco cansada de vagar por el mundo.

En pocos días se hicieron amigos inseparables, y Nina se acostumbró a la tartamudez de Ricardo, sin el más mínimo esfuerzo.

La nueva vida de nuestra campesina, transcurría tranquila y feliz, hasta que una mañana mientras se acercaba al río cercano a la chabola para darse un chapuzón, tuvo la sensación de que alguien andaba tras ella, como vigilando sus movimientos. No hacía ni pizca de viento, y sin embargo las zarzas que iba dejando tras de si, se movían emitiendo extraños sonidos. Nina giraba la cabeza una y otra vez, pero no veía a nadie, aunque sentía cierto temor, prefirió pensar que eran imaginaciones suyas, y al llegar al río, dejó su ropa extendida en la hierba, y se lanzó al agua como otras veces había hecho.

Nadaba, chapoteaba, reía y cantaba Nina en el agua cuando de pronto escuchó una voz que por desgracia conocía bien.

¡¡Maldita descarada, mal-nacida, por fin te encuentro!! ¿ Acaso pensabas que te ibas a librar de mi tan fácilmente?
¡Sal de ahí inmediatamente zorra del demonio!, sal que te voy a dar tu merecido.

Nina no se lo podía creer, llevaba meses huida de su casa, y él el mismísimo Lucifer, desaliñado y barbudo, ése que tiempo atrás cuando tan solo era una niña, la maltrataba, la humillaba y vejaba, estaba allí, con un enorme látigo en sus manos, dispuesto a Dios sabe qué…
El diablo otra vez, no, no podía ser verdad. Nina estaba aterrorizada, y como tal profirió uno y otro grito en busca de auxilio.

¡¡Socorro, socorro, Ricardo, Ricardo por favor ayúdame, socorro!!

¡Grita maldita malcriada, grita, grita antes de que te arranque la lengua!..

¡¡Vas a pagar cara tu desobediencia, sal de ahí ahora mismo, o entraré a por ti y te retorceré el pescuezo, como a una gallina!!

No, no voy a salir, jamás volveré contigo, antes muerta me oyes, antes muerta. ¡Animal, bestia inhumana, algún día pagarás todo el daño que has hecho, vete, déjame vivir en paz!

El demonio, cada vez mas encolerizado, decide entrar en el agua para sacar a Nina a la fuerza, cuando Ricardo, alertado por los gritos, acude al lugar, provisto del hacha que utiliza para cortar la leña.
Sigilosamente, se acerca al hombre que pretende hacer daño a su amiga, y por detrás le golpea con fuerza en la cabeza, dejándolo inconsciente en el suelo y con una herida de la que mana sangre con cierta ligereza…

Es entonces, cuando Nina sale corriendo del agua, sin percatarse de que Ricardo, jamás había visto el cuerpo de una mujer desnuda.
Él ruborizado, la cubre con sus brazos, para tranquilizarla y rápidamente le ayuda a coger su ropa, vestirla y salir de allí, dejando el cuerpo inerte de aquel salvaje, tendido en la hierba.

Una vez en la cabaña, ambos comentan lo sucedido.

Ricardo, ¿tu crees que estará muerto?

No lo se Nina, lo cierto es que lo he golpeado con todas mis fuerzas, no podía consentir que ese desalmado, te hiciera daño otra vez. Nina no imaginas lo importante que eres para mí, desde que llegaste a mi vida, tengo el corazón alegre, mi vida tiene sentido. Lo que siento por ti, vas más allá de la amistad Nina creo que estoy enamorándome de ti…
¿Y tú, Nina, que es lo que sientes?...

Dame tiempo por favor, estoy confusa, ahora no puedo tomar una decisión, solo soy capaz de pensar en lo que has hecho por mi culpa. ¿Qué va ha pasar ahora? Vendrán a por ti y… Oh Dios todo es tan terrible.

Tranquila Nina, volveremos al río y si ese degenerado está muerto, lo enterraremos y nos marcharemos de aquí. Nadie lo conoce, y nadie lo echará de menos.

Esta bien vamos, acabemos con esta pesadilla de una vez por todas.

Ricardo y Nina salen de la cabaña, caminaban hacia el río, de nuevo Nina tiene la sensación de que alguien los persigue. No dice nada pero mira hacía atrás una y otra vez. De repente un hombre escondido tras un árbol, se abalanza sobre Ricardo, armado con un puñal y gritando:

¡¡Vais a morir!!

Ricardo se gira rápidamente, pero no le da tiempo a defenderse y recibe una puñalada que atraviesa su cuerpo. Nina grita horrorizada al ver que aquel hombre era su padre que además ahora se dirigía hacia ella dispuesto a terminar con su vida.

La joven consigue sujetar el brazo asesino y sacando fuerzas de flaqueza, gira el puñal hacía el cuerpo de su padre hundiéndolo en su cuerpo lo más que puede.

En breves minutos, Lucifer y su amado Ricardo yacen en el camino desangrados.

Nina se arrodilla ante el cuerpo del único hombre capaz de defenderla, y capaz de hacerla feliz. Besa sus labios y rompe a llorar amargamente. La vida de Nina deja de tener sentido.

Se levanta y sola, como siempre estuvo, va en busca del agua que limpiará sus heridas y ahogará sus lágrimas y su dolor para siempre.

Raquel Herrero

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