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Revista Virtual:

Contenido Literario y artístico

"Que el hombre sepa, que el hombre puede" Edgar Morin

 

 

GENESIS DE LA VIDA

El origen de mi vida fue el caos

No estaba Dios, Iahvé, para separar

El agua fría de la tierra dura

Ni las oscuras tinieblas de la luz primera.

Tengo aún los inolvidables recuerdos del olvido

Un armazón de los espacios muertos por no vividos

Pero todavía no existía el día inaugural

Aquel hálito purificador que me animara

Tan solo era polvo adánico sin soplo vital

Un Golem que se levantaba en un laberinto

Con un mino tauro agonizando ante un espejo

Con la inmortalidad pecaminosa de mi lado

La palabra como espada nominadora de las cosas

En esa noche extensa jugué hasta cansarme

Quede dormido sobre la gramilla de una nube

Y vino el sueño, y con el las pesadillas,

Me soñé sombra informe de otras sombras

Emergió la angustia desde un pantano de astillas

De clavos oxidados, de cadáveres sin ninguna forma

De depresiones, de miedos, de sobresaltos

Hasta despertar en medio de un desértico océano

Donde la extensa y solitaria playa arenosa

Con un recién creado sol cayendo a pleno

Me descubrió la otra soledad de mi vigilia

La que vistió su cuerpo con el viento de la tarde

Dejando pisadas con el símbolo de las rosas

Hecha de abstractos elementos tan disímiles

Como el deseo ardiente, la lujuria y la pasión fogosa

Tu andar de gacela en celo me acaricio provocativa

En lo exhausto de mil noches y mil días

Bajo el universo como única envoltura

En un momento exclamé fundante, ¡Amor!

Mirando en lo profundo de tus ojos renegridos

Reflexioné, no es bueno que el hombre este solo!

Desperté del sueño en la misma húmeda orilla

Estabas a mi lado soñando mis conclusiones

No, no es bueno que ninguno de los dos se encuentre desolado

Por eso residimos eternamente en un sueño enamorado

Roberto Bríndisi

 

 Manuel Parra Bernabeu

Nace en Oliva, provincia de Valencia, pero desde hace muchos años su residencia, esta en Oropesa del Mar (Castellón).

"La gran virtud de esta pintura, es la poderosa fuerza expresiva de su serenidad. Manuel Parra entona la tela con un control total del color, siempre dentro de unas gamas cálidas, que matiza hasta lograr una tonalidad sin distorsiones.

Obras impactantes que se crecen en cada visualización generando espectacularidad y emoción…

“El artista se ha trazado unas premisas y las mantiene; su obra es firme, profunda y seria".

En tal caso, los deseos acaban siendo, en Manuel Parra, realidades admirables de intensas mixturas con frecuencia asombrosas y en constante búsqueda de la esencia plástica, que en él, como profundo e inquieto creador que es, no pueden detenerse".

Teo Revilla Bravo. (Poeta, escritor y pintor.)

 

 

        FRIDA

                                                                                                       LENNON

 

 

                                                               Marylin

 

 

 

 

SINATRA

 

 

 

 

 

                                                                                                 ARETA FRANKLIN

 

 

 

 

 

 

 

             MI DIOS

Mi dios, no es visible, ni palpable.

Mi dios, es ciego.

Su boca sellada, impide, cualquier grito lastimero.

Mi dios no tiene alas, no planea,

no se acerca a los lugares donde se esconden las penas.

Mi dios, no mueve un solo dedo.

Está hecho de mármol,

de acero, de escalofrío, de gélido hielo.

Mi dios, padece de otitis eterna

no escucha el silbido de la bala,

ni el estrépito de un mortero.

O el crujido de los muros cuando caen derrumbados,

dejando a la intemperie,

cuerpos desplomados de inquilinos y de sueños.

Mi dios, no tiene luz en su mirar.

No puede distinguir el color

De unas lágrimas con sabor a sal,

del rojo goteo de tanta herida sangrante,

de tanto corazón partido,

de estas almas errantes

Que vagan perdidas,

entre los Buitres carroñeros, entre bestias.

Entre el denso humo grisáceo, el plomizo cielo y

sus corrompidas aguas, de color estercolero.

Mi dios, es tan imparcial… Tan calmo, tan sereno,

que no imparte justicia, ni equidad.

Ni sabe ponerle freno a quien quebranta la ley,

erigiéndose rey.

Violentando la vida de seres indefensos,

de inocentes prisioneros qué, en un campo de batalla,

incrédulos reciben el duro peso de la metralla.

Madre tierra…

Tu dios, mi dios, ya no nos acompaña.

 

Raquel Herrero

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