-------------

Todas las publicaciones (1)

DESPERTAR

Deliciosa sensación cuando la siento respirar. En el silencio de la noche susurra en sueños; me gusta observarla; tan frágil…

Vacio en el abismo de una habitación oscura. Sin miradas de arcángeles que nos protejan, los demonios de la noche perturban su mente. Se gira una y otra vez, frunce el ceño. Parece sufrir, luego una cálida sonrisa ilumina su rostro. Por fin su agitada respiración, ahora pausada, refleja tranquilidad.

El viento invernal empuja con violencia la persiana cerrada de la habitación. Abre un ojo, no del todo, aún dudosa por querer despertar. Atraviesa las varillas de la persiana la luz, que incide con fuerza curiosa y atrevida.

Bien entrada la mañana comienza a desperezarse. A su vera, yo. Desprende calor, conseguido bajo manta y edredón de plumas que dejan ver tan sólo su cara sonrosada y feliz. Todos lo somos durmiendo; al menos lo parecemos. Tímidamente se aproxima buscando mi calor. Su mano izquierda palpa mi lado de la cama, asegurándose de mi presencia. Se acerca.

Abrazados en posición fetal, uno tras otro; en un cuarenta y cuatro Picassiano quedamos encajados como piezas de un “tetris” imaginario, tan sutil como armonioso; me acaricia la cara. Escucha mi respiración, acompasada, rítmica. La beso tiernamente en el hombro. Finge que el sueño aún la domina y abre los labios traviesa, humedeciéndolos. Con la mano izquierda acaricio dulcemente su espalda, deslizo el dedo corazón sobre su columna vertebral. El escaso bello de su piel se eriza irremediablemente. Su mano derecha descansa bajo la cara, sobre la almohada común. No dejo de observarla con amor, con pasión, feliz por despertar de nuevo a su lado.

Mis caricias continúan, deslizando mis dedos por su cadera, sus piernas, hasta los tobillos. No puede reprimir más la satisfacción que le produce tal despertar. Elegantemente se gira despacio para no abandonar ni por un instante la sensibilidad del momento. Estirada, gira levemente la cabeza a su derecha, no quiere que vea como sonríe, consciente de lo que estar por venir. Mi dedo índice resbala por su mejilla, su cuello; centímetro a centímetro vaga por el hueco tal sensual debajo de sus clavículas. Desciende sobre el canal de sus senos, no se entretiene en ellos, aún no toca. El ombligo pone fin a la pasividad corporal por su parte. Guío con maestría mi mano entre sus piernas, con dulzura. Ambas respiraciones se aceleran descontroladas. El deseo se abre camino sin control. Nuestros cuerpos entrelazados se acarician en un frenesí inconmensurable. Ahora sí, sus pechos cobran protagonismo. Durante unos segundos no parece haber nada más. Beso una y otra vez las aureolas de los senos mientras masajeo con delicadeza extrema el resto, sumidos en un placer indescriptible.

Arquea la columna. El fuego nos consume por completo. Sobran la manta y el edredón. Se coloca encima de mí. Agradezco el gesto abrazándola intensamente hasta que puede sentir los músculos de mi espalda tensos, preparados. Nos miramos fijamente, no importa el día ni la hora, todo es indiferente.

Segundos después la pasión se abre camino sin más dilación en un baile díscolo y personal. Somos uno, ella y yo.

www.vientoscardinales.com

cristian@vientoscardinales.com

 

 

 

                                                                       

Leer más…