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Fantasía inesperada

No les comparto un poema, sino un cuento que me autorizara el amigo Claudio Solar a subir en estas instancias, así que lo hago con su venia, esperando les guste como a mí. Ah, y disculpen el atrevimiento...

FANTASÍA INESPERADA

 

Se abre el obturador, y se dispara, hay poca luz y el mar es imponente. La playa nos aturde con su inmensidad y el flash no es un relámpago. Advierto, ofuscados, unos cuerpos en el instante de hacer ckick, la imagen es aún lejana donde terminan las espumas, pero parecen dos cuerpos. Me acerco, vuelvo a la cámara tras un pequeño risco. Ahora sí los veo retozar desnudos: Él la tiene sujeta con una mano por los muslos, con otro atrapa uno de sus senos, mientras ella ladea la cabeza para ser ávidamente besada. En la foto han quedado inmortalizados en el instante. Me acerco más. Él la ha puesto de cuclillas y se acerca por detrás, veo incluso su  pene erguido acomodarse como un animal olfateando entre las nalgas de su compañera, y empieza a penetrarla acuclillado detrás, con movimientos que se levantan levemente. Ella gime, ya oigo sus gemidos mientras el rumor del mar hace pequeños estrépitos con la ola que llega y sisea cuando se va, mientras ella gime, él hace algunos estentóreos movimientos mientras su mano le aprisiona las tetas, hace rápidas vibraciones entre sus pezones, ella levanta la nuca, esperando sus mordiscos en el cuello, pero también me ve con la cámara enhiesta, con la cara atónita, me acerco más. Tengo otras partes hirsutas, levantadas bajo mis pantaloncillos de mezclilla. Él está depositando en sus adentros una sabia lechosa, lentamente. Lo adivino. Ahora cae abatido a su lado. Ella me observa y saca su lengua indómita como si buscara algo que lamer. Yo me acerco, él parece dormir, ella se yergue siempre de cuclillas y empieza a bajarme el pantalón, ahora el calzoncillo de un tirón. Esplende mi herramienta como un ancla hacia arriba. Sus manos la aprisionan y la llevan a sus labios aún mórbidos, su lengua empieza a lamerme el instrumento de abajo hacia arriba mientras sus manos se afirman en mis nalgas. Ahora lo succiona, ahora pasa su lengüita por la ranura de mi  glande, de lado a lado, ahora se la mete casi toda entre la boca. Me parece rasgar las cuerdas vocales de su ansiedad con esos espasmos. Él, que abre los ojos, empieza a meter su mano entre sus piernas.  Lo veo ahora erguirse y cuando estoy eyaculando con certeza entre su hermosa boca mórbida que hace hermosas degluciones, él desplaza las manos por sus nalgas como limpiándola de areniscas.

-¿La monto yo, o la montas tú?

Ella dice : quiero a ambos.

Lo lleva abajo a él y se monta a cabalgar su robusta pieza, mientras yo por detrás abro con las manos sus nalguitas y empiezo a penetrar su anillito redondo. Por dentro se siente al otro que cabalga como una culebra erguida. Algo nos separa levemente, por primera vez pienso que esto es maravilloso, que los poseo a ambos. Nunca había tenido fantasías homosexuales y lo pienso con fruición. Ella grita. Parece que la hacemos acabar y nosotros también empezamos a desplomarnos. Los tres abrazados, nos damos vuelta, contemplamos las estrellas, que empiezan a tiritar con el crepúsculo.

Cuando él deslizó suavemente su tosca mano por mi vientre, sentí que debía marcharme, y poniéndome los pantaloncillos corrí con mi adolescencia a cuestas, y mi cámara bamboleándose y golpeándome las costillas, mientras se oían sus risas, que no me parecieron estertóreas, sino como libres golondrinas que cantaban.

Claudio Solar, julio 2012

 

 

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